De pronto
las calles adoptan actitudes
y tras los últimos vagones transparentes
un abrazo de dolor
parece despedir las formas del paisaje.
Es que alternadamente el hombre
fue quebrando espacios
nombres
orgullos y estipendios
y en la cúpula ardiente de sus manos
quedan muy pocas campanas disponibles.
Por aquellos
que lograron prolongarle al sol su recorrido
o los que nivelando el fundamento azul del eco
liberaron besos y palabras,
no dejaré celebraciones tristes a mi paso
ni roces
ni muros injustificables.
Y como última tragedia
después de eliminar asombros
y muecas de limones
derramaré duelos de un poema
sobre el dudoso estado del olvido.-
No siempre me detengo en los jardines. Mis manos se amoldaron como el árbol a grietas y sudores...
jueves, 20 de noviembre de 2008
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