Este deseo de devolver un pedacito de soledad
y compartirlo con vos
me viene de ese largo trajinar de calles
que absorben la capacidad del labio
para dibujar un nombre
y de pasos para batallar veredas sin herirse.
A mi lado tengo un espacio constante
que nos pertenece
y quiero hacer lo que me dice el parpadeo del encuentro.
No te vayas con las cosas.
El silencio corre por el mundo,
llega como una sutil fotografía hasta nosotros
se acomoda a nuestro lado
y por un momento nos presta el niño de sus ojos
para que no veamos pasar
ninguna pena hasta mañana.
No siempre me detengo en los jardines. Mis manos se amoldaron como el árbol a grietas y sudores...
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